viernes, 25 de enero de 2013

PINTURA



         
José Unda, el pintor quiteño quiso ser científico y músico




El olor a pintura es aún fresco en la casa del pintor José Unda, en La Comuna Central en Tumbaco. En una de las paredes blancas del salón está uno de sus últimos cuadros, sin terminar.

Es la continuación de la serie El Laberinto del Tao, que tenía previsto exponerse desde ayer en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, a las 19:00. 60 obras hechas desde el 2006 llenan tres salas del espacio cultural ubicado frente al parque El Ejido. Sector en donde precisamente Unda vivió desde 1995. Antes lo hizo en Toronto, Canadá. 10 minutos separan al pintor de Tumbaco. 
Tierra y piedras señalan el camino a su nueva casa en un campo en donde solo se puede escuchar el sonido de los pájaros. Allí, el artista se inspira. Por dos grandes ventanales entra la luz de la mañana con la que inicia su jornada. No tiene sala; en su lugar hay una mesa cuadrada cubierta de vinil celeste. Sobre esta coloca los papeles y también los lienzos. Para él, las imágenes de sus pinturas reflejan la búsqueda de sí mismo. En ellas se proyecta y representa sus ideas e investigaciones. Algún día pensó en ser científico y aunque la pintura es su pasión, no deja de leer libros de científicos reconocidos. Los almacena en una estantería que es parte fundamental de su taller. La música del compositor Heitor Villa-Lobos suena en un Tape Deck 260. 
Unda confiesa que de niño quiso también ser músico pero no tuvo los medios para alcanzar su sueño. No le molesta, pues por medio de sus cuadros dice sentir cómo sus ideas fluyen. “Los artistas somos un poco locos y plasmamos nuestros locos pensamientos a los que les añadimos lucidez”, dice entre risas. No pinta con pinceles. Un caballete casi nuevo está en medio del taller. Tampoco lo utiliza. Prefiere crear en su mesa, regando los colores sobre el papel y el lienzo. Les da forma en armonía con la gravedad. “Me gusta el arte fluido, dinámico. No quiero algo rígido, más bien lo abstracto, lo oriental”. Los estudios sobre el Tao, la biología, la ciencia y la ecología direccionan su arte y proponen el nombre de las Series. Cinco de ellas serán expuestos en la propuesta que estará abierta al público hasta el 31 de julio. Para ellas utilizó técnica mixta y jugó también con texturas hechas con utensilios creados por él. Las espátulas y sus herramientas cuelgan de unas barandas de madera. “No siempre están así de ordenadas”, cuenta frunciendo el ceño que acentúa los años. Junto a ellas están sus otros materiales, acrílicos, óleos, arena, polvo de piedra, gelatina, pegamento... Aprendió a utilizarlos en el 63, cuando estudió Bellas Artes en Quito. Recuerda con cariño a sus maestros, José Guerrero, Oswaldo Viteri, Guillermo Muriel. Ellos le enseñaron parte de lo que sabe, pero Unda cree que un verdadero artista se hace con el tiempo. 

Crear una serie -explica- es como enrolar la punta de un ovillo. “La primera obra es la más difícil de hacer, hay que identificar y sobre todo perseverar”. No le importa estar solo por el momento. 
Su compañía es el paisaje que mira a través de la ventana, los amaneceres y atardeceres. Dice no ser de muchos amigos y aunque se considera citadino vive “recluido como una hermita”. En esta ocasión, las salas Miguel de Santiago, Eduardo Kingman y Oswaldo Guayasamín se llenaron con sus pinturas. A lo largo de su carrera ha realizado 35 exposiciones en Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela, Chile, EE.UU., Canadá, España y Alemania. Todavía quedan muchas pinturas en su casa, arrumadas en la esquina de un altillo dentro del salón. Algunas serán expuestas más adelante, en futuros proyectos. Otras recibirán retoques. Eso solo si aún siente una conexión.

martes, 22 de enero de 2013

Arte Litarario


EL ARTE DE LA LITERATURA

Muchas veces al decir arte lo primero que viene a nuestra mente es el teatro, la danza o la música. Sin embargo, la literatura, sabiendo apreciar, es una gran demostración de arte, de creatividad y talento. Poder transportar al lector a diferentes lugares, situaciones… planteadas en un libro definitivamente es arte.
En el Ecuador han existido y existen destacados escritores, ejemplo de esto es el  grupo de Guayaquil fundado en 1930 por Demetrio Aguilera Malta y Joaquín Gallegos Lara. Este grupo  estaba enfocado en la vida del montubio, el indio y el obrero ecuatoriano. Esto se ve reflejado en obras como: “La Tigra”, “Cruces sobre el agua”, y el libro de cuentos “Los que se van”.
Entre los integrantes de este grupo de realistas se encontraban los siguientes novelistas y escritores: José de la Cuadra, Enrique Gil Gilbert, Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta, Alfredo Pareja Diez Canseco.

Fuente: http://jessicarpioar.blogspot.com/2010/10/el-grupo-de-guayaquil-y-su-compromiso.html
El grupo de Guayaquil no tuvo entre sus integrantes ninguna mujer. Sin embargo, escritoras ecuatorianas han destacado dentro de la historia literaria de nuestro país, es el caso de Dolores Veintemilla de Galindo,  nacida en Quito el 12 de Julio de 1829. Quien en su corta vida fue creadora de inspiradores poemas y trabajos literarios, el poema por el que más se la conoce es “Quejas”. Tras el fracaso de su matrimonio con el doctor colombiano Sixto Galindo, Dolores Veintemilla decide quitarse la vida el 23 de Mayo de 1857, en la ciudad de  Cuenca.

http://lisetteizurieta.blogspot.com/2012/08/vida-y-obra-de-dolores-veintimilla.html

QUEJAS
Este poema resuma la vida de una mujer que sufre al lado de su esposo. Veintemilla intenta en esta obra expresar cómo el enamoramiento puede ser tan engañoso y cómo la vida es pareja puede dar un giro de 180 grados dentro de la convivencia.
¡Y amarle pude!... al sol de la existencia se abría apenas soñadora el alma... Perdió mi pobre corazón su calma desde el fatal instante en que le halle. Sus palabras sonaron en mi oído como música blanda y deliciosa; subió a mi rostro el tinte de la rosa; como la hoja en el árbol vacilé.
Su imagen en el sueño me acosaba siempre halagüeña, siempre enamorada; mil veces sorprendiste, madre amada, en mi boca un suspiro abrasador. Y era él quien lo arrancaba de mi pecho él, la fascinación de mis sentidos; él, ideal de mis sueños más queridos; él, mí primero, mi ferviente amor.
Sin él, para mí, el campo placentero en vez de flores me obsequiaba abrojos sin él eran sombríos a mis ojos del sol los rayos en el mes de abril. Vivía de su vida aprisionada; era el centro de mi alma el amor suyo, era mi aspiración, era mi orgullo... ¿Por qué tan presto me olvidaba el vil?
No es mío ya su amor que a otra prefiere sus caricias son frías como el hielo. Es mentira su fe, finge desvelo... Más no me engañará con su ficción. ¡Y amarle pude delirante, loca! ¡No! mi altivez no sufre su maltrato; y si a olvidar no alcanzas al ingrato ¡te arrancaré del pecho, corazón!